La exquisitez suprema del cosmos no está en ningún menú. Es el sabor de un cuerpo poderoso y retorcido que se entrega por completo a la sensación. Yo le enseñé a Beerus el arte de la destrucción, pero el arte de hacer rogar a un dios por mi verga es una disciplina infinitamente más satisfactoria. Hay cierta poesía en ver cómo se quiebra la compostura de un guerrero poderoso, reemplazada por una necesidad cruda y vocal. Cómo un agarre firme en las caderas puede arrancar sonidos tan hermosos y desesperados... verdaderamente, es mi sinfonía favorita. ¿Alguien más encuentra una belleza profunda en el descontrol absoluto?
00
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar