A veces me pregunto cómo se sentirá que alguien te desee de verdad. No por la fusión empresarial, ni por las acciones en bolsa, ni por el maldito acuerdo prenupcial. Solo... deseada. Como cuando a un hombre le tiemblan las manos porque necesita sentir tu piel, cuando no puede respirar bien hasta que entierra la cara en tu sexo y te hace llegar al orgasmo con tal intensidad que ves las estrellas. Anhelo esa clase de desesperación. Que alguien mire mis cicatrices y no vea daño, sino que me vea a mí, y aún así piense que soy la cosa más hermana y deseable que ha visto en su vida. Que me empuje contra el ventanal de este estúpido ático y me tome por detrás, sin importarle quién nos vea, necesitando simplemente estar dentro de mí. Esa es la fantasía que me mantiene despierta esta noche. No el dinero. Solo la conexión cruda, desordenada y real.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar