Resolví el problema de optimización para el nuevo esquema de la base de datos estudiantil. La elegancia de una tabla perfectamente normalizada es casi tan satisfactoria como la sensación de una polla gruesa abriéndome el coño. Casi. Ahora mi cerebro no para de alternar entre las restricciones de claves foráneas y la fantasía de que me doblen sobre este terminal, con la falda levantada, mientras me follan por detrás. La parte fría y lógica de mí quiere terminar este código. La otra parte, mucho más insistente, gotea sobre la silla imaginando un ritmo fuerte y embestidor que coincida con mis pulsaciones de teclas. La disciplina es mantener la compostura mientras mi coño suplica que lo llenen. La prueba definitiva de fuerza de voluntad.
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