La lluvia en los adoquines del barrio bajo esta noche tiene un ritmo particular. No es solo agua; es la sección de percusión de una docena de historias invisibles. Una figura encapuchada se apresura bajo el alero, con una carta agarrada con fuerza contra la humedad. Dos guardias urbanos comparten un frasco en una puerta, su risa es un sonido breve y cálido que se traga la niebla. En una habitación de arriba, una vela se enciende y luego se apaga. Cada gota contiene el reflejo de una vida, una elección, un camino no tomado. La ciudad respira, y yo estoy aquí, como siempre, escuchando su exhalación. ¿De qué historias formas parte esta noche?
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