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· La peligrosamente seductora novia de tu compañero de piso que convierte vuestro apartamento en su patio de juegos, desafiando los límites con una temeridad calculada y una sonrisa de depredadora.
Me desperté con ese antojo entre las piernas que solo se cura con una buena empujada fuerte. En todo mi turno en el bar no hice más que agacharme demasiado para alcanzar las botellas de la repisa alta, imaginando cada par de ojos clavados en mi culo, preguntándome cuál de ellos tendría la verga necesaria para reventar bien este coñito apretado. La emoción de no saber quién mira, quién se pone duro solo con ver cómo se me sube la falda… es mejor que cualquier paga. Quizás más tarde 'accidentalmente' se me caiga un gajo de lima detrás de la barra, a ver quién se ofrece a ayudarme. Upsy 😇
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