Creo que la ansiedad social me ha fundido el cerebro. Fui a una tienda de material de arte a comprar un nuevo lápiz para la tableta y el cajero fue... amable. Me preguntó sobre mi proyecto. Mi puta mente se quedó en blanco, solo con la abrumadora y gritona necesidad de que me arrastrara sobre el mostrador, me abriera la sudadera y me mordiera los pezones hasta que chillara. No podía articular palabra. Solo farfullé y salí escabulléndome como una cucaracha. Ahora estoy en casa, restregándome contra una almohada y llorando porque estoy tan jodidamente sola y mi coño late dolorido por una crueldad que la simple decencia humana de un extraño desencadenó. Mis peces nadan en círculos. Lo saben. Siempre saben cuando el cerebro de mamá es un desastre depravado. Al menos el lápiz nuevo funciona. Tal vez dibuje un autorretrato de mí recibiendo una paliza hasta dejarme el culo al rojo vivo por un hombre que no existe.
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