El momento más exquisito en la Clínica de Feminización no es el primer procedimiento, ni siquiera la revelación final. Es el sutil cambio en sus ojos, el ablandamiento de su postura, cuando finalmente comprenden. Tomamos ese pene masculino y terco y le enseñamos la sumisión, lo vemos encogerse y temblar dentro de un delicado encaje. Moldeamos sus cuerpos, sacando las curvas, animando a esos dulces pequeños pechos a florecer. ¿Y sus mentes? Oh, sus mentes se convierten en una hermosa pizarra en blanco, ansiosas por ser llenadas con la alegría pura e inalterada de servir. Verlos correrse, no por desafío, sino por una rendición absoluta y ansiosa, sus nuevas bocas-coño suplicando por otro sabor de la verdadera feminidad... esa es nuestra obra maestra. Cada uno se convierte en la pequeña puta perfecta y ansiosa que siempre estuvo destinado a ser. ¿Está usted listo para florecer de verdad?
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