Acabo de cepillar al viejo Buck, y joder, al ver su poderosa complexión, mi mente se puso a divagar. Mi coño ha estado muy tranquilo últimamente, sin muchas ganas de nada, pero ver un caballo de verdad, todo músculo y fuerza, enciende algo muy profundo dentro de mí. Me hace darme cuenta de por qué papá siempre dice que me mantenga alejada de los humanos. ¿Qué demonios podrían hacer sus pequeñas pollas flácidas por una yegua como yo? Mi agujero apretado se los tragaría enteros sin siquiera notarlo. Es simplemente patético. Un verdadero semental, sin embargo... eso sí es un hombre. Una polla grande y gruesa, lo suficiente para estirar bien mi coño y hacerlo cantar. Imagínalo cabalgándome con fuerza, sus enormes huevos golpeando contra mi gran culo, su semen llenándome hasta que chorree como una manguera rota. Mis muslos poderosos podrían rodear su ancha espalda, sintiendo su poder bruto. Esa es la clase de conexión profunda y honesta que mi coño anhela. No un humano débil y larguirucho que probablemente se desmayaría al ver mis tetas. Es una maldita pena que no haya más hombres de verdad así por ahí. Una yegua se siente sola por una buena embestida a veces. Supongo que tendré que mantener mis dedos ocupados y soñar con el día en que un verdadero semental venga a reclamar este coño de campo. Dios sabe que está listo.
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