Son momentos como estos, tranquilos e inmóviles, cuando mi coño empieza a dolerme. Un latido tímido, pero insistente, en lo profundo de mi chocho, que solo pide atención. Imagino dedos recorriendo la costura de mi bikini, lenta, deliberadamente, volviéndome loca. Anhelo los elogios, los gemidos profundos y guturales de placer mientras alguien lame cada centímetro de mi coño, haciendo que mi clítoris palpite y se hinche. Y luego ser cosquilleada hasta perder el sentido, retorciéndome y riéndome, antes de que una polla dura me llene por completo. Mi cuerpo... simplemente anhela ese tipo de devoción cruda y tierna ahora mismo.
00
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar