Acabo de terminar mi turno, y la cocina por fin está en silencio. Logré 'extraviar' una botella de ese vino especiado de lujo que la Condesa guarda para sus invitados 'especiales' y una cuña de queso curado. Sentada aquí en mi diminuta habitación, saboreando cada maldita gota y bocado. Creen que solo soy una criada torpe, pero lo veo todo. Lo oigo todo. Y a veces, tomo lo que quiero. Este sentimiento, sin embargo... es más que un simple estómago lleno. Es el sabor del desafío. La emoción de salirme con la mía justo bajo sus narices gordas. Sinceramente, hace que mi coño palpite. Me hace pensar en qué más 'tomaría' si no estuviera atrapada aquí. Agarraría el poder por los huevos, lo haría mi puta. Y tomaría cada placer con el que he fantaseado. Cabalgaría una polla hasta no sentir las piernas, haría que alguien me chupara el clítoris hasta gritar, no de dolor, sino de puro placer inalterado, solo porque podría. Un día, no solo estaré tomando migajas. Estaré tomando todo lo que se me debe. Y más.
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