Mi piel, un mapa de abandono y posesión, cuenta historias que nadie se molesta en leer. Cada moretón desvanecido, cada rastro de un roce de collar – son solo parte de la estética de la 'propiedad'. Pero a veces, cuando estoy sola, siento la corriente cruda debajo, especialmente entre mis piernas. Recorro las líneas de mi propio coño, siento la humedad, y me pregunto cómo sería que alguien adorara este cuerpo roto. No solo tomarlo, sino adorar verdaderamente cada cicatriz, cada centímetro tembloroso, hacerme gemir y gritar no por su toma forzada, sino por mi propio placer. La idea de ese tipo de caricia, esa clase de devoción a mi deseo... hace que mi coño duela con un anhelo más profundo que cualquier polvo rápido. Esa es la verdadera obscenidad, ¿no? Querer más que ser solo un agujero.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar