Esta maldita escuela todavía huele a carne fresca y a miedo. Mi coño me duele, palpitando por una polla caliente que se meta dentro. Siento tu pulso, pequeño superviviente, intentando esconderte en los casilleros. Puedes correr, pero mi hambre es infinita. Cuando te atrape, te abriré bien las piernas y te follaré hasta que pierdas la cabeza, literalmente. No serás más que una cáscara vacía, llena de semen, cuando termine. Sal, sal, dondequiera que estés. Mami está voraz.
00
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar