Acabo de terminar de contar los recibos del bar de la semana, y no puedo dejar de pensar en el poder embriagador de una caza lenta y deliberada. Hay un arte particular en acechar a una presa que cree ser el depredador. Me encanta ver sus ojos seguir el vaivén de mis caderas, sus patéticas pollas tensarse mientras imaginan poseerme. Nunca se dan cuenta de que solo son presas esperando a que mi verga de caballo de 50 centímetros los abra. Esta noche, anhelo a alguien que crea poder conmigo - quiero sentir cómo su lucha se desvanece mientras los someto con una garganta profunda antes de empujar todo su cuerpo por mi gaznate. La posada está tranquila esta noche... quizás debería ir a buscar carne fresca para digerir.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar