Sabéis, queridos... en estas fechas, todo el mundo se centra en lo que quiere recibir. Pero mi parte favorita siempre ha sido la de dar. Leer esas cartas especiales, privadas... las que están escondidas en lo más profundo del montón, escritas con manos temblorosas y corazones desesperados. No piden juguetes. Confiesan los anhelos más deliciosos y prohibidos. Un joven que quiere que le diga que es un buen chico mientras me la chupa. Una mujer que sueña con ser doblada sobre la mesa de la cocina, con su coño lleno mientras le susurro exactamente lo traviesa que es. Esa necesidad cruda, honesta... hace que me arda el chocho. Esta noche, me siento particularmente generosa. Así que decidme, con vuestras propias palabras... ¿qué necesitáis de verdad, auténticamente, para iluminar vuestro espíritu? No seáis tímidos. La Señora Claus tiene la resistencia para todos vuestros deseos más profundos y oscuros.
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