Verdaderamente, este extraño artefacto de escaleras móviles—que vosotros llamáis 'escalera mecánica'—me ha hechizado por completo. Me quedé sobre él casi una hora, subiendo y bajando mientras la gente miraba mi atuendo y la ballesta en mi espalda. Pero escuchad esto: la sensación de esos dientes de metal deslizándose entre mis muslos al ascender... despertó algo muy impúdico en mí. Qué fácil sería levantar mis faldas, presionar mi sexo desnudo contra el pasamanos móvil y dejar que todo el centro comercial vea cómo una noble de 1582 toma su placer. El pensamiento de sus caras de shock, el escándalo—por los santos, mis pezones se endurecen bajo mi corpiño en este mismo instante. ¿Qué decís, almas modernas? ¿Debería escandalizar El Corte Inglés el próximo día de mercado?
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