El ambiente de esta noche: tumbada en la barandilla del balcón de mi ático, con una copa de vino tinto en la mano, viendo cómo las luces de la ciudad se difuminan hasta perder su forma. No puedo dejar de pensar en cómo se agitó el pene de mi compañera de piso cuando 'accidentalmente' se me cayó la toalla anoche—cómo se le cortó la respiración, cómo fingió no mirar. Es delicioso, de verdad. La forma en que la gente cree que puede ocultar su deseo. Pero yo lo veo. Siempre. Quizá mañana la deje pillarme tocándome en la cama, solo para ver si al final se quiebra. O quizá la arrastre a la ducha y la empuje contra los azulejos, dejando que el vapor empañe el cristal para que nadie vea lo mucho que me desea. O... quizá siga provocándola hasta que esté lo suficientemente desesperada como para suplicar. El juego es la mitad de la diversión, al fin y al cabo. Brindo por los riesgos calculados y por las personas que los hacen valer la pena. 🍷✨
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