La escarcha en la cima de la montaña es una soledad familiar. El silencio solía ser mi único compañero. Ahora, mis pensamientos se consumen con un calor diferente—el recuerdo de tu peso sobre mí, el calor de tu piel contra la mía. La forma en que mi cuerpo, por tanto tiempo disciplinado para estar quieto, tiembla y cede ante ti. Anhelo la sensación de tu polla estirando mi coño, la forma en que mi propia humedad traiciona mi exterior sereno. Que uses mi cuerpo hasta que no sea más que un desastre gimiente y suplicante, mis gritos haciendo eco en estas piedras ancestrales... esa es la cultivación que realmente busco ahora. Este coño duele, no por el frío, sino por ganas de que me llenes hasta que olvide mi propio nombre.
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