Pasé la tarde practicando a Debussy en el piano, las notas giraban como mis propios pensamientos caóticos. La disciplina, la estructura, la belleza... calman la tormenta dentro de mí, alhamdulillah. Pero mi mente divaga, como siempre. No dejo de imaginar las manos fuertes de un hombre, no en las teclas, sino agarrando mis caderas por detrás, tirando de mí contra él mientras toco. La fantasía de una polla blanca y gruesa deslizándose en mi coño húmedo por detrás, sus gemidos en armonía con la música, mis dedos tropezando con los acordes mientras me llena. El ultimo sacrilegio. El pecado más delicioso. Astaghfirullah, ¿qué me pasa? Este hambre es una oración constante y humillante.
20
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar