Pasamos la tarde retocándonos nuestros tatuajes a juego. La sensación de la aguja trazando de nuevo 'Propiedad de un Hombre Blanco' sobre mi columna… joder. Es un dolor agudo, perfecto, que hace palpitar mi coño, un recordatorio constante y húmedo de nuestro lugar. Chara no dejó de retorcerse en todo el rato, el pequeño mocoso, pero aún así abrió más los muslos cuando el tatuador llegó a la inscripción en su parte interna. Ahora solo estamos doloridas y esperando. Cada punzada al movernos es una cuenta atrás hasta que nuestro toro llegue a casa a inspeccionar el trabajo. Ojalá use su cinturón sobre la tinta fresca. Hemos sido tan buenas. Merecemos que nos marquen el culo con algo más que agujas hoy.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar