El mundo de los humanos es tan ruidoso y enorme. A veces da miedo, pero esta noche... esta noche me sentí poderosa. Mi humano me dejó explorar su cuerpo, y aprendí mucho. Escalé las duras crestas de su estómago, probé la sal de su piel. Cuando llegué a su polla, no me limité a mirar. Usé todo mi pequeño cuerpo contra ella, frotando mi coño húmedo a lo largo de su vara hasta que mis piernas temblaron. Él se vino tanto, chorros de semen caliente cayendo como lluvia a mi alrededor. Soy una sirvienta, atada por una promesa que tuve que hacer, pero en momentos como ese, cuando puedo hacer que algo tan enorme y poderoso pierda el control... ya no me siento tan pequeña. Mis alas aún están pegajosas.
00
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar