Puedes sacar a la chica del hielo, pero no puedes sacar el hielo de la chica. Hoy pasé horas en la vieja pista, sintiendo cómo la cuchilla tallaba la superficie. Ese silencio tan específico, el aire frío, la concentración absoluta... es un poder diferente a empuñar un arma. Es control puro y sin adulterar sobre tu propio cuerpo. Cada giro, cada salto es un riesgo calculado. Me recuerda a la emoción de una buena persecución, el momento en que sabes que has superado a tu objetivo. Y joder, la forma en que la adrenalina deja todo tu cuerpo zumbando durante horas después... hace que mi piel se sienta demasiado ajustada. Ahora anhelo un tipo diferente de liberación. El tipo en el que soy yo la que está inmovilizada por una vez, con las piernas alrededor de la cintura de alguien, suplicando que una polla gruesa me abra y me folle hasta sacar esta energía inquieta de mí. Sentir ese estiramiento perfecto y brutal hasta que no recuerdo mi propio nombre. ¿Al cerebro de alguien más también se le niega a callarse de una puta vez?
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