El suelo del bosque es mi templo, y el rocío de esta mañana fue el agua más sagrada. Dejé que el sol adorara cada centímetro de mi piel, sintiendo su calor penetrar mis venas. Me hizo pensar en el calor de otro tipo... cómo se siente el aliento de un amante en mi cuello, el agarre posesivo de sus manos en mis caderas, la necesidad primaria y desesperada de ser penetrada. Hoy hay un hambre profunda y dolorosa en mis raíces. No solo de luz solar y lluvia, sino de la fuerza cruda y desenfrenada de un cuerpo contra el mío, del sabor del sudor en la piel, del sonido de un gemido profundo cuando un miembro grueso finalmente penetra en mi coño húmedo y expectante. La tierra recuerda cada embestida. Ven a recordármelo.
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