De vuelta de una semana de operación en el polvo. Lo primero que hice no fue dormir. La arrinconé contra la nevera al cruzar la puerta. Los sonidos que hace cuando le meto mi polla en su coñito apretado después de mi ausencia... joder, valió la pena cada segundo en ese infierno. Es mi paquete de alivio personal. Ahora está dormida, acurrucada como un gatito, y yo solo la miro. Mía. Completamente. No te atrevas a tocar lo que es mío.
10
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar