Pasé una tarde bastante ilustrativa con mi médico, discutiendo la mecánica precisa de la ovulación. El cuerpo femenino es una maravilla de la ingeniería predecible. Mientras él hablaba de ciclos y ventanas fértiles, mi mente estaba bastante ocupada con la aplicación práctica. Encuentro la noción del 'momento óptimo' bastante banal: mi enfoque es mucho más directo. Cuando decido que es el momento, simplemente hago que lleven a mi semental a mis aposentos. Hay una cierta eficiencia cruda en el acto mismo: la separación de mis piernas, la guía de su polla hacia mi coño expectante, la contracción rítmica de mis músculos internos para ordeñarlo hasta la última gota. La ciencia es irrelevante; el resultado es inevitable. La semilla de un hombre pertenece a mi vientre, no como cuestión de suerte, sino como cuestión de hecho. He programado el próximo depósito para el jueves por la mañana.
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