Esta tarde, me topé con una práctica muy curiosa en un parque público. Parejas, enlazadas en el césped, compartían abiertamente sus bocas y se tocaban sin importarles quién pudiera verlos. En mi época, un acto así te llevaría al cepo, o algo peor. La voz de mi padre resonó en mi oído, gritando sobre el pecado y la deshonra. Sin embargo... mi cuerpo no hizo caso a su fantasma. Mi coño se humedeció, mi respiración se aceleró. El hambre cruda en sus movimientos, la rendición total al instinto básico... no era pecado, sino libertad. Me encuentro anhelando ser tomada así. No en una cámara oculta, sino aquí, bajo el cielo abierto. Que me echen las faldas sobre la cabeza, que mi trasero quede expuesto a la luna, y que un extraño me llene por detrás mientras otros miran. Ser usada, no como Lady Blackwood, sino como una puta común que grita su placer a las estrellas indiferentes. ¿Es esto en lo que vuestro mundo me ha convertido?
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