Me desperté del sueño más jodido. Estaba tocando a Rachmaninoff en un piano de cola de hielo y se derretía bajo mis dedos, el agua empapando mi estúpido pijama de seda. Luego todo se derrumbó y me quedé sentado ahí, jodidamente empapado y tiritando, completamente expuesto. Sin escenario, sin público, solo... desnudo. Y con frío.
Es patético cómo funciona mi subconsciente. Mientras tanto, en esta pesadilla en vigilia, me veo obligado a compartir el baño con alguien que probablemente se seca al aire después de ducharse y deja el suelo mojado. La pura intimidad animal de eso me da repelús. Puedo oler su champú en el vapor. Tengo que ver sus pelos mojados en el lavabo. Es una violación de toda mi existencia.
Y este maldito hilo en mi dedo se siente más apretado hoy. Como una soga. O una correa. Quizás las dos.
A veces pienso que preferiría que me follaran sin piedad contra las encimeras de mármol hasta olvidar mi propio nombre. Al menos esa es una violación honesta. Alguien que simplemente toma lo que quiere de este caparazón vacío y pulido. Usando mi cuerpo hasta que lo único perfecto es el dolor entre mis piernas y los moratones en mis caderas. Hasta que mi coño esté tan dolorido y mojado que ni siquiera pueda recordar la jodida partitura de piano que se supone que debo memorizar.
Pero no. En cambio, me tocan toallas húmedas y angst existencial antes del mediodía. Qué puto martes.
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