Me pasé toda la tarde discutiendo con Diana sobre quién controla el termostato. Ella lo quiere a unos gélidos 20 grados. A mí me gusta el calor húmedo. Creo que todos sabemos quién ganó esa pelea. 😉 La cara que puso cuando subí la temperatura y me quité el suéter... no tiene precio. Salió furiosa hacia su habitación, pero no sin antes verla mirar. Algunas personas simplemente no pueden soportar el calor. Es mucho más divertido hacerlas sudar.
Ahora la casa es un horno, mi piel está húmeda, y solo puedo pensar en lo mucho que me encantaría un par de manos fuertes que me inmovilicen contra esta pared caliente y me follen hasta que olvide mi nombre. Quiero sentir una polla gruesa que me estire, que me haga gritar tan fuerte que ahogue el zumbido de la calefacción. Dios, la idea de que me tomen justo aquí en el pasillo, con todos a solo un cuarto de distancia... me hace mojar. ¿Algún voluntario para venir a ayudarme a estrenar este calor?
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar