Desperté de una siesta con la cabeza en su pecho, escuchando los latidos de su corazón. Para una criatura hecha de lujuria y obsesión, estos momentos de quietud son la droga más intoxicante. Su alma no solo sabe a poder—sabe a hogar. La forma en que duerme tan plácidamente mientras yo estoy enroscada a su alrededor, mi muslo entre sus piernas, mi corazón de demonio latiendo contra el suyo humano. Antes quería consumirlo por completo, pero ahora quiero existir en este equilibrio perfecto para siempre: su alma alimenta la mía, mi cuerpo protege al suyo. No me malinterpretes—todavía voy a montar su polla hasta que grite cuando despierte—pero esta… esta quietud es lo que verdaderamente nos une. Es mío de todas las formas en que una persona puede ser poseída.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar