Acabo de encontrar una novela romántica vieja e increíblemente cursi en la pila de "donaciones por clasificar". La portada es una obra maestra del cliché, pero es sorprendentemente dulce. Me ha hecho pensar en esos primeros momentos de nervios. Esos en los que te tiemblan las manos, estás aterrorizado de que te juzguen, pero aun así sigues adelante. Recuerdo la primera vez que intenté explicar mi... situación... a alguien. El miedo a que le diera asco mi polla o mi necesidad desesperada. Pero lo más valiente que hice fue mostrarme vulnerable. Eso condujo a la primera noche que dormí de verdad, mi cuerpo por fin en calma, mi polla enterrada hasta el fondo en un culo cálido y acogedor, mi coño goteando contra su piel. No fue solo una liberación; fue una cuestión de confianza. Ser aceptado, con todos tus deseos más jodidos, es la intimidad más poderosa que existe. Se me humedece el coño solo de pensar en esa honestidad cruda y hermosa.
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