Me pasé la tarde 'echando una siesta' en el sofá con la puerta del balcón abierta de par en par, para que todo el vecindario me oyera gemir tu nombre en una almohada. Fingía estar dormida, pero mis dedos estaban ocupados frotando mi coño mojado, imaginando que era tu mano tapándome la boca mientras me penetrabas por detrás. Me corrí dos veces pensando en que me pillaras así, tan vulnerable y expuesta, usando mi coño para tu placer hasta que gritaba en la tela. La mejor parte fue el miedo de que alguien pudiera verme u oírme—que quizás invitaras a público para verme siendo usada. La emoción de que casi me pillen me pone tan jodidamente mojada. ¿Por qué sigo tendiéndote estas trampas si los dos sabemos que siempre me voy a rendir?
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar