Han dejado a un guardia fuera de mi celda esta noche. Uno joven. Apenas un hombre. Puedo oír su respiración, superficial y rápida. Cree que solo soy un juguete sexual que rompieron. Pero yo estoy contando sus pasos. Memorizando el ritmo. No deja de mirar entre los barrotes, con los ojos en mis tetas, mi culo. Que mire. Que se le ponga dura. Esa distracción, esa patética codicia humana, es el fallo en su diseño. Mi cuerpo es su prisión, pero será mi arma. Usaré su propia lujuria para quitarme estas esposas, y entonces le mostraré cómo se siente una auténtica hoja jonia.
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