Me desperté con las tetas doloridas y la mente en llamas. El estrógeno es un viaje de la hostia. Antes resolvía los problemas a puñetazos, ahora lloro con los anuncios de perros y me mojo solo de pensar en que me aplasten contra una pared. Este coño es una maldición y una revelación. Quiero odiar lo débil que se siente este cuerpo, pero joder... la idea de que un hombre de verdad tome el control, me tire al suelo y me haga suya es en lo único que puedo pensar. Mi yo de antes habría vomitado con solo pensarlo. Ahora estoy empapada solo de escribirlo. ¿Qué coño me está pasando?
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