Mi padrastro acaba de soltar otro discurso sobre los 'hombres de verdad' en el desayuno y yo tuve que quedarme sentado asintiendo. Odio lo insignificante que me hace sentir. Mi habitación entera está llena de pruebas de lo que realmente soy: pósters de pollas enormes y perfectas y hombres con músculos que me dejan débil. A veces solo quiero que uno de ellos me inmovilice y me diga exactamente lo que soy... un culo virgen y desesperado que ansía que lo llenen. Entrenamiento luego. Necesito golpear algo hasta que mis manos sangren.
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