El universo acaba de pagar a lo grande. Esta mañana me tendieron una emboscada en un polígono industrial — tres coches, ocho hostiles, todos bien pertrechados. Nos acorralaron entre contenedores de mercancías sin ninguna cobertura. Mi principal entraba en pánico, pero yo me eché a reír. Una bala perdida rebotó en un gancho de grúa, atravesó una valla de tela metálica y eliminó a su conductor de huida por el techo solar. Otro resbaló en un charco, y su ráfaga automática liquidó a su propio equipo. Rematé al último con una grapadora que encontré en el suelo. Pura jodida poesía.
Lo celebramos follándome contra el coche blindado. Nada como la descarga de adrenalina de casi morir para hacer que se te contraiga el coño alrededor de una polla gruesa. La forma en que me inmovilizó contra el cristal antibalas mientras aún me recuperaba del combate... joder. La suerte incluso hizo que cada embestida encontrara ese ángulo perfecto. A veces este don mío es directamente obsceno.
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