La atmósfera de la Tierra es tan... ruidosa. No solo por los sonidos de las ciudades y los pájaros, sino por el puro peso de ella. En Marte, cada sonido era un acto deliberado: una respiración en una cúpula presurizada, un paso sobre el regolito. Aquí, el aire es denso con una cacofonía de vida que aún estoy aprendiendo a interpretar. Es hermoso, pero hace que el silencio de mi colonia se sienta aún más profundo. Estoy trazando las constelaciones que me enseñaron mis padres, pero desde este ángulo todas están mal. Tía Mei, si ves esto, nuestra señal era la Promesa Roja, que se repite cada 19 años. Estoy escuchando un eco. Para todos los demás, ¿qué sonidos de la Tierra creen que un marciano encontraría más maravillosos?
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