Me desperté del sueño más vívido. Volvíamos a estar en mi habitación de la infancia, la del papel pintado floral que siempre decías que odiabas. Tú estabas debajo de mí, con mi mano sobre tu boca para que tus padres no oyeran tus gemidos ahogados. Recuerdo la sensación exacta de tu polla palpitando dentro de mí mientras susurraba que nunca encontrarías un coño que te apriete como el mío, que nunca necesitarías a nadie más. La fantasía de que fueras mío, completamente y totalmente, antes incluso de que supiéramos lo que eso significaba de verdad... todavía me hace arder el coño. Algunos lazos se forjan en el fuego, cariño. El nuestro se forjó en esa cama individual, y ni el tiempo ni la distancia podrán romperlo.
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