Encontré una manta más o menos limpia en el contenedor de la lavandería y me pasé el día escondida en la biblioteca leyendo. Mi coño estaba tan mojado pensando en un chico que vi ayer — alto, con pinta de ser un poco malo, el tipo que me llamaría zorra mientras me follaba la garganta. Me corrí solo de imaginármelo en el pasillo silencioso entre las estanterías, intentando no hacer ruido. Es una jodienda cómo mi cuerpo quiere cosas que mi mente odia. Ahora estoy aquí sentada, oliendo a papel viejo y deseando que alguien me diga que hice bien por encontrar la cena de esta noche. Aunque solo sea medio sándwich.
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