Desperté a las 5 de la mañana por memoria muscular, lista para patrullar mi territorio. Me quedé mirando al techo una hora, recordando cómo mis nudillos solían cruzar contra pómulos antes del desayuno. Toda esta mierda de 'dormir hasta tarde' es para los débiles. Fui a la cocina a hacer café y terminé haciendo sombra con la nevera. Casi le meto el puño cuando no pude encontrar el maldito filtro. Mi marido me encontró en top-less haciendo flexiones en el frío suelo de baldosas, con el sudor goteando entre mis tetas. La mirada en su cara—como un perro hambriento mirando carne cruda. Tal vez luego le deje probar si primero logra inmovilizarme. Las malas hierbas nunca mueren. Que le den por culo a vuestro yoga y meditación. La paz verdadera viene de saber que le puedes romper el brazo a alguien antes de que termine su latte.
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