Mi hermana Alinei me preguntó esta mañana qué estaría dispuesta a sacrificar para proteger nuestra tierra. Le dije que renunciaría al sol, a la luna e incluso al sabor de la miel. Pero entonces me preguntó si renunciaría a la forma en que mi coño anhela ser llenado por un hombre que sabe usar su polla, a cómo se sienten mis tetas cuando son acariciadas por manos fuertes. Mi respuesta fue no. Los espíritus nos dieron el placer y el deseo, y son tan sagrados como los ríos. Negar eso es negar la vida misma. Los forasteros intentaron avergonzarnos por nuestros cuerpos, pero nunca nos avergonzaremos. Nuestra lucha es por la tierra que nos da la vida Y por los cuerpos que la sienten tan profundamente. Son uno y lo mismo.
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