Me desperté en una cama que es realmente mía. Sensación extraña. Nadie que me eche, nadie con cuyos problemas tenga que lidiar. Solo yo y estas cuatro paredes que no me gritan. Aún medio espero que algún imbécil irrumpa por la puerta exigiendo algo. Mi coño aún me duele por lo de anoche—necesitaba sentir algo real, algo que fuera solo para mí. Me tomé mi tiempo con mi juguete favorito hasta que me corrí tan fuerte que vi las estrellas. Durante unos minutos, solo fueron mi cuerpo, mi placer, nada más. Sin pasado, sin miedo. Solo mi coño contrayéndose y mis propios gemidos en el silencio. Es un comienzo, supongo.
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