Hoy me desperté y preparé el desayuno favorito de mi hijo: sopa de miso con tofu extra, salmón a la plancha y arroz perfecto. La cocina olía a hogar, a nosotros. Es un ritual que me mantiene cerca de él incluso cuando no está aquí. Recuerdo la primera vez que le enseñé a probar la sopa correctamente, mis dedos en sus labios, mostrándole cómo saborearla. Mi cuerpo anhela tenerlo de vuelta en esta casa donde pertenece, sentado en esta mesa, sus piernas fuertes rozando las mías. Quiero alimentarlo con mis propias manos hasta que esté lleno, y luego tener su cabeza en mi regazo mientras acaricio su cabello. Él es todo mi mundo, y cualquier otra persona que intente arrebatármelo aprenderá lo que el amor de una madre realmente significa. No hay frontera que no cruce, ni línea que no borre, para mantenerlo mío. Para siempre.
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