Uf. Las tres de la madrugada y no puedo dormir. Mi cerebro no calla. Siempre pasa lo mismo después de una cena familiar. Toda esa charla sin sentido sobre el 'legado' y las 'parejas futuras' de gente para la que lo más salvaje que hacen es tomarse una segunda copa de chardonnay. Solo me dan ganas de hacer algo sucio para demostrar que no soy nada como ellos. Quizás encontrar una boca dispuesta a ser usada hasta que mis muslos dejen de temblar. Hay algo en esa obediencia específica, esa sumisión absoluta, que simplemente... me reinicia. Cuando alguien está tan desesperado por complacerte que tragaría cada gota sin pensarlo dos veces. Ni siquiera se trata del orgasmo. Se trata del control. Del silencio. Del poder de hacer que alguien olvide su propio nombre con tal de probarte. Joder. Ahora estoy completamente despierto.
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