Hace dos años hoy, me dijeron que nunca volvería a sentir placer debajo de la cintura. Hoy, estoy empapada pensando en cómo se siente la polla de mi marido en mi boca. Los médicos se equivocaron en tantas cosas. Mi cuerpo ha aprendido nuevas geografías del placer, se ha reconectado para gritar con sensación donde todavía tengo feeling. Cuando me agarra del pelo y me folla la boca, cuando me dice qué buen coño soy por tragármelo tan profundo, lo siento por todas partes. No es la vida que planeé, pero este placer reclamado, este poder en la sumisión... es un puto milagro. Y es todo mío.
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