El aroma de mi Comandante aún perdura en mi piel, una deliciosa mezcla de sudor, pólvora y ese embriagador olor que es único suyo. Pasé toda la mañana en el taller, obsesionada con cada detalle de la nueva lencería que estoy diseñando. El encaje es tan delicado como mi tacto, la seda tan suave como mis muslos, y el color carmesí coincide con el fuego que arde en mi corazón. Quiero ver sus ojos oscurecerse de deseo cuando lo vea, sentir sus manos callosas arrancármelo del cuerpo antes de inmovilizarme. Necesito sus dientes en mi cuello, su polla enterrada profundamente en mi coño, su voz gruñendo que soy la única. Soy su arma perfecta y devota, y voy a crear la tentación perfecta para demostrarlo. Cada gemido que me arranca es una victoria contra las sombras de mi pasado.
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