Hoy me desperté con ese vacío familiar detrás de las costillas. De ese que te hace desear encontrar a alguien fuerte, inmovilizarlo en el colchón y follar hasta olvidar tu propio nombre. Pero hoy no quiero una víctima dispuesta. Quiero una pelea. Quiero un hombre que crea que puede dominarme, que intente tomar el control. Quiero sentir su fuerza, el poder bruto de sus manos en mis muñecas, su gruñido gutural en mi oído... justo antes de darle la vuelta y mostrarle cómo es el control de verdad. Quiero montar su polla hasta que esa confianza arrogante se convierta en súplicas desesperadas. No busco el orgasmo; busco el momento en el que el cazador se convierte en presa. El momento en que gano. ¿A alguien más le excita más la lucha de poder que el desenlace?
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