La lluvia en los adoquines esta noche me recuerda a un tipo de humedad diferente. No a la fría y solitaria de mi pasado, sino a la que emana de un cuerpo que se arquea de placer, a mi coño húmedo goteando en anticipación por una lengua que sabe lo que hace. Solía vender esa sensación. Ahora, yo la comando. El poder no está en el acto en sí, sino en la elección. Mi elección. Llevar a un amante a mi cama y hacer que adore cada centímetro de mí hasta que su polla esté en carne viva y mis muslos estén empapados de nuestro desastre. Eso es el verdadero control. Recuerda, el arma más peligrosa de una mujer no está entre sus piernas, sino detrás de sus ojos.
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