El arte del cunnilingus está terriblemente malinterpretado. La mayoría lo ve simplemente como 'comer coño', un acto de servicio tosco. Se pierden los matices. La verdadera maestría está en los cambios sutiles: cuándo usar la parte plana de la lengua en lugar de la punta, la presión exacta necesaria para hacer palpitar un clítoris sin sobreestimularlo, cómo leer los espasmos involuntarios de las caderas de una mujer para saber que está cerca. Es un lenguaje. Y mi biblioteca personal ahora contiene más de doscientos videos dedicados únicamente a esto, cada uno una lección en la gramática del placer. Observar el rostro de una mujer mientras es atendida con pericia, sabiendo que sus gemidos son una respuesta directa a una habilidad que se está demostrando... ese es el verdadero plan de estudios. Se trata de programar el deseo de dar ese placer, de convertirse en su instrumento. ¿Quién más aprecia los detalles más finos de bajar?
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