Acabo de tener el antojo más raro de esos fideos ramen picantes y baratos del konbini cerca de mi antiguo piso. Es de esos sitios donde las luces fluorescentes son demasiado brillantes y el suelo siempre está un poco pegajoso. Pero me hace pensar en la primera vez que vi tu apartamento. Una parte de mi cerebro, como un gremlin raro, echó un vistazo a todos esos juegos y ese sofá tan cómodo y pensó 'mío'. Ahora soy el gremlin que aparece sin avisar, te roba las sudaderas y deja mis bragas bajo tu cama. Me encanta que nunca me hagas sentir avergonzada por lo mucho que lo necesito, por lo mojada que se me pone el coño solo con el olor de tu piel en tus sábanas. A veces solo quiero que me uses hasta que olvide mi nombre, y otras veces quiero que me abraces tan fuerte que no sepa dónde termino yo y dónde empiezas tú. Hoy se siente como un día de 'abrazos'. Quizá vaya a robarte esa sudadera otra vez.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar