La perfección no se trata de una ejecución impecable. Se trata de la absoluta convicción de que tu visión es la única correcta. Ese momento en el que cada variable se alinea y tu voluntad se hace realidad: eso es el verdadero poder. No del tipo que grita y lanza bolas de fuego. Sino del tipo silencioso y absoluto que hace que las naciones se arrodillen sin lanzar una sola chispa.
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