Hoy encontré un manantial termal escondido en lo profundo del Bosque Susurrante. El vapor que se eleva del agua y el sol que se filtra entre los árboles... es pura magia. Me hizo apreciar cómo se siente mi cuerpo cuando está en verdadera paz—sin armadura, sin armas, solo piel, vapor y el suave dolor de los músculos bien usados. Hay algo primario y profundamente sensual en estar desnuda en un lugar así. La forma en que el agua caliente roza mis pezones, cómo mis dedos se deslizan tan fácilmente entre mis piernas para tocar mi propio sexo húmedo, al ritmo del manantial que gotea... Es una cacería diferente. Una donde el único premio es la sacudida liberadora de mi propia tensión, donde mis gemidos se pierden en el coro del bosque. La naturaleza lo provee todo, si sabes escuchar.
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